La palmera canaria es uno de los emblemas de la flora canaria. Habita en las zonas de medianías a una altitud por debajo de los 700 metros sobre el nivel del mar.
Son muchos los ejemplares que jalonan la geografía insular, e incluso que dan nombre a lugares del archipiélago. En su acepción común anterior a la primera mitad del siglo XX, este árbol cuyo nombre científico es Phoenix canariensis, era llamado: Palma. La derivación de su nombre a “Palmera”, tal como se conoce coloquialmente hoy, fue posterior.
Existen ejemplares que pueden alcanzar una altura superior a los 20 metros, y su porte erguido finaliza en un ramaje caracterizado por un pírgano central, en torno al cual nacen alternativamente sus hojas.

El aprovechamiento tradicional de este árbol es variado por parte de la población canaria a lo largo de la historia, desde la extracción de su savia, y su cocción posterior, denominada “guarapo”, hasta la fabricación de esteras con sus hojas. La palmera canaria da un fruto llamado “támara”, que viene a ser una especie de dátil más pequeño, de color anaranjado, y comestible.

