El 1 de septiembre de 1939 comenzó la II Guerra Mundial. En España había finalizado la Guerra Civil apenas cinco meses antes, y el Gobierno de Franco se declaró no beligerante el 12 de junio de 1940. La realidad es que éste ofreció su apoyo logístico y militar al bando del nazismo, precisamente, cuando la endeble economía española apenas podía contener el hambre de su población.
Gran Bretaña, por su parte, temía perder Gibraltar si el gobierno franquista colaboraba con las potencias del Eje para tal fin. El valor estratégico de este emplazamiento era vital para la Royal Navy, pues suponía el control de acceso marítimo al Mediterráneo y su conexión con África. Para compensar esta posible pérdida territorial, Churchill encargó a su alto mando militar diseñar la ocupación del archipiélago canario. Así, tal como afirma la investigadora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULGPC), Marta García Cabrera: “las planificaciones británicas, que se sucedieron una tras otra entre 1940 y 1943, con nombres en clave como Operación Chutney, Puma, Pilgrim y Tonic, estipulaban especialmente la captura de Gran Canaria a través de desembarcos en la costa sur y este de la isla”.

La razón de la elección de Gran Canaria para una supuesta invasión inglesa se debió principalmente que la isla disponía del puerto marítimo de la Luz y del aeropuerto de Gando, vitales para el tráfico marítimo y la aviación. Además, esta ínsula ocupaba un lugar estratégico para los intereses comerciales del imperio británico y sus colonias africanas.

Debido a su ubicación geográfica, el ejército británico decidió que uno de los lugares idóneos para realizar un desembarco era la costa de Telde. No en vano, en la documentación recabada sobre la operación Pilgrim, las huestes de Jorge VI asignaron nombres en clave a las playas del municipio: Epson a La Garita y Edward a Melenara y Playa del Hombre.
Asimismo, el ejército de los Estados Unidos encargó informes militares de Canarias a principios de la II Guerra Mundial, como el denominado “Survey of the Canary Islands” (1941), a pesar de que había confiado a los ingleses el control militar de esta zona del Atlántico. En este sentido, la costa teldense se incluyó entre los puntos estratégicos de cara a una posible intervención por parte de los aliados.
Por otro lado, la propaganda inglesa y alemana distribuida por sus colonias en las islas Canarias, jugó un papel fundamental en la contienda bélica, en especial en Gran Canaria, Tenerife y La Palma. Los residentes extranjeros de ambas naciones, formada mayoritariamente por familias de empresarios, comerciantes y agentes consulares, estuvo destinada a convencer a la población local de los intereses de cada uno de los dos bandos en guerra. No en vano, determinadas personalidades anglófilas y germanófilas hacían las funciones de espías civiles para sus gobiernos, a los cuales enviaban periódicamente informes detallados sobre la situación socioeconómica y política de la población canaria, mediante la valija de sus respectivos consulados. En el caso de los británicos este papel lo hizo, entre otros, el propio cónsul de Las Palmas en 1940, Gerald Miller, el cual era además un reconocido comerciante, nieto de Thomas Miller, que desde mediados del siglo XIX se dedicaron inicialmente al comercio, entre otras mercancías, de tejidos de su tierra natal, Escocia, y hacia cuyos puertos partían cargamentos de cochinilla, papas, tomates y plátanos del archipiélago.

Además, la familia Miller se enriqueció con la venta en el puerto de la Luz del carbón traído de Cardiff, para la combustión de los motores de los barcos que atracaban en la capital.
Por su parte, la colonia alemana en Canarias durante la II Guerra Mundial era menos numerosa e influyente que la británica. En Gran Canaria se estimaba en unos 350 alemanes, los cuales residían mayoritariamente en barrios de clase alta de Las Palmas de GC, Tafira y Santa Brígida. Así, destacaron en su papel como activos propagandistas del gobierno nazi, el empresario y cónsul de Las Palmas, Walter Sauermann, y el vicecónsul alemán, Harald Flick. Ambos apellidos vinculados con posterioridad a la venta en Canarias de automóviles de fabricación alemana.
Ante la sospecha de esta posible invasión inglesa a las islas Canarias, el ejército español fortificó sus costas desde principios de la década de 1940. Tal como explica Díaz Benítez, J. (2000) sobre cómo se ejecutaría la operación Pilgrim: “El desembarco sería realizado en la bahía de Gando, desde donde se avanzaría hacia el norte para capturar la ciudad de Las Palmas de GC”. Por tal motivo, se construyeron múltiples nidos de ametralladoras que todavía hoy se pueden observar diseminados en las playas de Telde, destinados a unidades de artillería que pudieran repeler la incursión marítima.

Actualmente, algunos de estos nidos para uso militar se han reconvertido en miradores, junto a la avenida peatonal que une las playas de este municipio.

El riesgo de la operación Pilgrim era tan real que, además de la construcción de búnkeres diseminados por toda la costa teldense, el Mando Militar de Franco decidió instalar una batería de artillería pesada, formada por cañones de largo alcance con un sistema de telemetría anexo para el cálculo del lanzamiento de proyectiles, sobre la montaña de Taliarte. Fue así como el mismo lugar que hasta entonces ocupaba el yacimiento arqueológico, se reconvirtió en enclave de artillería.
Batería militar de Taliarte: tres cañones y un telémetro
La batería militar para la defensa de la costa de Telde fue instalada en Taliarte entre 1941 y 1942.
El diseño y ejecución de la obra corrió a cargo de ingenieros alemanes que se desplazaron a Gran Canaria para supervisar su construcción. Así, según lo planificado por el mando militar español, se dotaría a la costa teldense de una estación de artillería de unos 25.000 metros cuadrados, dispuesta sobre la loma de Taliarte para repeler la invasión marítima por parte del ejército aliado en la II Guerra Mundial.
Esta batería dispone de cuatro búnkeres construidos en hormigón, de los cuales el más alejado de la costa albergaba la estación telemétrica y en los otros tres se instaló un cañón.

La distancia entre la estación telemétrica y la pieza de artillería más cercana es de 50 metros, y de 100 metros entre los tres cañones, los cuales fueron ubicados en zig-zag para evitar ser destruidos fácilmente con un simple bombardeo en hilera de la aviación enemiga.
La estación telemétrica constaba de un edificio bunkerizado, de 12 metros de largo y 5 metros de ancho, ubicada a unos 67 metros sobre el nivel del mar. Esta estación, destinada al puente de mando de esta batería militar, albergaba el telémetro, de unos tres metros de largo, útil para calcular a cuánta distancia y angulación deberían disparar los proyectiles hacia los barcos enemigos.
Las tres piezas de artillería estaban compuestas por un búnker hormigonado. A cada uno de éstos se entraba por medio de una rampa inclinada, ubicada a unos 20 metros de distancia del propio búnker. Una vez que los soldados accedían a la parte subterránea, podían desplazarse por los pasillos estrechos hacia las diversas dependencias.

Cada una de las tres piezas de artillería disponía de una superficie central de 8 metros de diámetro, en la cual se instaló un cañón Krupp de artillería, modelo SK /40 del calibre 170 milímetros, modelo 1902, cuyo peso por unidad ascendía a 23 toneladas. Este armamento de fabricación alemana fue inicialmente instalado en la flota germana de la Primera Guerra Mundial y reutilizado con posterioridad como artillería terrestre.
Asimismo, en cada búnker de Taliarte se cavaron una serie de dependencias destinada a los soldados y para almacenar la munición, compuesta por proyectiles de 67 kg. capaces de ser lanzados contra embarcaciones del ejército enemigo a más de 27 km. de distancia.
Según los testimonios recabados por medio de personas que accedieron a estos búnkeres, al parecer llegó a existir una plataforma elevadora, a modo de montacargas, útil para subir los proyectiles desde el almacén subterráneo hacia la planta superior donde se ubicaba el cañón.
En esta batería estuvo destinada una unidad militar compuesta por unos 12 soldados al mando de un alférez o capitán del ejército español, hasta finales de la década de 1950, fecha en la cual los cañones y la estación de telemetría fueron desmantelados. Actualmente, estas construcciones de hormigón han quedado como testimonio de la operación Pilgrim, que nunca se llevó a cabo.

Fuente: https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/operacion-pilgrim-britanicos-gran-canaria
Canarias: enclave estratégico del Atlántico durante en la II Guerra Mundial
La familia alemana Krupp, radicada en la ciudad de Essen, era la propietaria de la empresa homónima que fabricó armamento militar desde el siglo XIX hasta el final de la Segunda Guerra Mundial para surtir al ejército de su país.
Con la llegada al poder de Hitler en 1933, el principal dueño de esta industria, Gustav Krupp, donó un millón de marcos alemanes al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) presidido por el Führer, a cambio de que éste aprobara una serie de leyes en favor de los intereses del citado empresario y presidente de la Asociación de Industriales Alemanes. Fue así como se consolidó una relación interesada entre Gustav Krupp y Adolf Hitler: el primero se convertiría en el principal apoyo logístico para el rearme militar del mandatario, que ya ambicionaba iniciar la gran guerra.
Al finalizar la II Guerra Mundial, tras los juicios de Núremberg por parte del Tribunal Militar Internacional contra los dirigentes del ejército nazi, se celebró el llamado: “Juicio Krupp”. En este proceso judicial celebrado entre 1947 y 1948, el hijo de Gustav, Alfried Krupp, propietario de la compañía desde 1943, fue condenado a 12 años de prisión y a la confiscación de sus bienes por emplear en su industria a prisioneros de guerra capturados por las tropas de Hitler, así como a presos de los campos de concentración nazi.

La connivencia entre los mandatarios de Alemania y España a principios de la década de 1940 motivó que el armamento Krupp de principios del siglo XX, destinado a los buques alemanes en la I Guerra Mundial, fuera reutilizado en España. Por tal motivo, según pactaron Hitler y Franco los cañones instalados en la batería de Taliarte, fabricados entre 1900 y 1910 en la fábrica de Essen, fueron donados por el líder nazi al dictador español ante la amenaza de la invasión británica a las islas Canarias. A cambio, y al margen de otros acuerdos entre ambas partes, los submarinos alemanes, denominados U-Boote, pudieron repostar combustible en los puertos canarios durante la II Guerra Mundial.
En referencia a este hecho, según ha constatado el profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, José Juan Díaz Benítez: “El 15 de agosto de 1939 el agregado alemán en España recibió instrucciones para preparar el abastecimiento de submarinos alemanes en los puertos españoles”.

Así, los puertos canarios también sirvieron de abrigo para estas operaciones de repostaje desde buques nodriza a los U-Boote del Tercer Reich. En el caso del puerto principal de Gran Canaria, la persona de confianza para llevarlas a cabo era Walter Vogel, gerente de la consignataria Woermann Line Ltda., con sede en la calle Albareda de la capital, encargada de abastecer a los buques germanos que navegaban rumbo a sus colonias africanas o al sur de América.
Según Díaz Benítez, J. (2018): “En tres noches consecutivas del 3 al 5 de marzo de 1941, los submarinos alemanes U-124, U-105 y U-106 tomaron provisiones, aceite y combustible del buque de abastecimiento, denominado Corrientes, dentro del puerto de la Luz”. Además, otra prueba de este tránsito bajo las aguas canarias es el caso acontecido el 6 de abril de 1943, en el cual el U-Boote nazi U-167 se hundió apenas a cinco kilómetros del faro de Maspalomas, tras ser alcanzado por el fuego enemigo de aviones británicos.
Conclusiones
La II Guerra Mundial supuso una alteración del orden mundial a gran escala. El archipiélago canario, debido a su posición geoestratégica para el comercio civil y el control militar de las grandes potencias europeas, jugó un papel fundamental en el desarrollo de esta contienda bélica.
En el transcurso de esta gran guerra el pulso entre británicos y alemanes se acentuó aún más con respecto a Canarias cuando se atisbó el riesgo de que la posesión de Gibraltar cambiara de bando. Estos hechos situaban al archipiélago atlántico como pieza clave para retomar el control marítimo por parte de las naciones en conflicto.
Gran Canaria pareció ser el lugar elegido por el ejército de Churchill para planificar varias operaciones de ocupación. Una de las más destacadas fue denominada Operación Pilgrim, que, aunque nunca llegó a ejecutarse, tuvo como respuesta el rearme de las costas de esta isla por parte del gobierno de Franco.
La costa de Telde era el lugar idóneo para realizar el desembarco militar que comenzaría por Gando, para avanzar hacia las Palmas de Gran Canaria. Por tal motivo, el litoral orientado hacia el naciente fue objeto de la fortificación mediante búnkeres y nidos de ametralladoras construidos en la década de 1940, de los cuales hoy día aún quedan vestigios.
La batería militar de Taliarte, ubicada sobre el antiguo poblado aborigen de la montaña, fue una pieza destacada de artillería del ejército español, diseñada para repeler desde la costa la supuesta invasión enemiga.
El buen entendimiento entre Hitler y Franco dotó a esta batería con armamento proveniente del ejército alemán, a cambio, entre otros acuerdos, del abastecimiento de los submarinos del Tercer Reich en el puerto de la Luz.
BIBLIOGRAFÍA
- Díaz Benítez, J (2000): “Pilgrim y la defensa de Gran Canaria durante la II Guerra Mundial”. Anuario de estudios atlánticos; nº46.
- Díaz Benítez, J.J. (2018). Submarinos en Canarias durante la II Guerra Mundial. Anuario de Estudios Atlánticos, nº65.
- García Cabrera, M. (2023). Información operacional para una guerra internacional: la inteligencia militar norteamericana y la descripción de las islas Canarias. Anuario de Estudios Atlánticos; nº 69.
- García Cabrera, M. (2023). La colonia alemana en Canarias durante la segunda Guerra Mundial (1939-1945).
- Miller, B. (2021) La saga canaria. La familia Miller en Las Palmas (1824-1990). Documento digitalizado ULPGC.
